viernes, 27 de mayo de 2011

Una decisión con nombre y apellido


Cuando me enteré de la confirmación del nuevo entrenador de los Lakers pensé lo mismo que la mayoría.

¿Qué demonios? ¿Mike Brown? ¿Será cierto o es otro rumor?

Pero después se me vino un nombre a la cabeza: Jim Buss.

Hoy en día la plata la pone Jerry Buss, pero el poder cambió de manos. Y se podría decir que no es de ahora, sino desde hace media década

Es cierto que seguramente se nos vienen primero a la cabeza Jerry, que habla bastante con la prensa y es la cara de la cúpula de la franquicia desde la década del '80, y Jeanie Buss, la carismática novia de Phil Jackson y la empresaria que fue tapa de Playboy. Pero la voz cantante en la franquicia es otra.

Hay que remontarse al Draft del 2005 para el inicio del mandato de Jim. Andrew Bynum ha sido, desde que fue elegido con 10º selección gobal, la apuesta del vicepresidente ejecutivo e hijo menor de la familia. Desde ese momento fue su consentido y se niega a intercambiarlo a pesar de sus constantes lesiones de rodilla. Siempre manifestó que era "su apuesta a futuro" sin saber nadie a cuando se refiere al hablar de futuro.

En esta decisión podría haber pasado desarpecibido y quedarse con la elección salomónica de Brian Shaw. Jackson lo había propuesto como candidato, tenía el apoyo de todos los jugadores, entre ellos la estrella del equipo Kobe Bryant, y era el preferido de los aficionados. También podía haber elegido por un opción aceptable en Rick Adelman, pero en cambió salió desde la oscuridad y metió mano contratando a Brown, un entrenador que tiene tanto que probar en su puesto, como Jim debe hacerlo en el sillón más grande de la franquicia.

Mis miedos no eran infundados. Cuando me enteré que él iba a tener la decisión final de la contratación, me imaginaba que iba a venir con alguna sorpresita.

No hay dudas que la barrida sufrida ante los Mavericks hizo que la digirencia no quiera dejar nada de la era de "Mr. Zen". Se buscó un técnico con características sumamente diferentes y con una trayectoria bien distinta.

No sólo se borra toda huella que dejó Jackson, sino también la de muchos de los empleados fieles que le han servido a él y al equipo. Durante la primera ronda de la postemporada, la dirigencia le notificó a la mayor parte de su personal de apoyo (preparadores físicos, coordinadores de video, encargados del equipo deportivo) que sus contratos no serían renovados para la temporada entrante.

Brown nunca supo controlar a Lebron James y, aunque publicamente hablen bien uno del otro, todos sabemos que su relación en Cleveland terminó de la peor manera.

El ex coach de los Cavs tiene una pésima reputación como técnico ofensivo y su experiencia es muy poca.

Es verdad que Shaw no tiene experiencia tampoco, pero tenía todo el resto: buena relación con los jugadores, conocía la franquicia tanto como jugador como sentado en la banca, tenía el apoyo de todo el mundo. De todos menos de la dirigencia, por su puesto.

¿Cómo hará para controlar todos los egos del equipo si en los Cavaliers no pudo controlar sólo uno como el de Lebron? Nadie lo sabe.

¿Como se adpatará a una ciudad donde menos que ganar el campeonato se toma como fracaso, teniendo en cuenta que viene de otra donde llegar a los playoffs ya es un milagro? Nadie lo sabe.

No todas son pálidas. Brown tiene un muy buen récord en playoffs (42-29), tiene el quinto porcentaje ganador de temporada regular más alto (.663) en la historia de la NBA y es jóven, ya que su documento marca tan solo 41 años de edad.

¿Pero que necesidad tenía Jim de ponerse en esta situación?

Ahora se enfrenta a toda una afición que no apoya la decisión y a una estrella descontenta.

¿Jim se convertirá en heroe o villano?

El tiempo lo dirá, pero por ahora no viene por buen camino.